sábado, octubre 21, 2006

Recordando historietas : ... Jastinapur!



¡A la conquista de Jastinapur! se publicó en la revista Patoruzito desde 1945 hasta 1948.
Fue una epopeya de aventuras inspiradas en leyendas hindúes. Escrita por Leonardo André Wadel, maestro de argumentistas de nuestro país, con un lenguaje ceremonioso y deliberadamente anticuado, se complementaba con las ilustraciones del dibujante uruguayo Emilio Cortinas, para desarrollar un relato muy atractivo e ingenioso.

El protagonista era el príncipe Asoka, al que acompañaba, en la primera parte, su hermano, el hercúleo Kairaba, y en la segunda, su compañero era el pícaro y fiel Carasmil.
Las aventuras se sucedían continuamente, en medio de complots, combates con los mogoles, trampas, artimañas ingeniosas, cazadores de esclavos, bandas de salteadores, piratas, domadores de osos, arduos romances.
De muestra, los títulos de algunos capítulos : "La aventura del tesoro del avaro"; "La hija del domador de osos"; "Asoka y el hombre-tigre"; "La aventura de los vedas y el cebo humano"; "El rapto del hijo del gran señor"; "Reaparición de un monstruo"; "La treta del escarabajo", y "La perla negra y el chino Ah-Moy".
Y toda una legión de personajes, buenos y malvados: Artabán, el brujo de las cobras; la reina Indri y la rebelde amazona Ayodja; el impresionante Viasa, Cara de Marfil, el hombre de la venganza, y tantos otros...

Después de tantos años, sigue siendo una de mis historietas favoritas de todos los tiempos; lamento no tener más que unas 40 ó 50 páginas, sobre un total estimado en 150 ó 200...
¿No habrá alguien que recupere y digitalice todas las planchas, para reeditarla? ¡Ojalá!

Chiquirritipis: Segunda selección.




Esta vez se presentan niñas, planetícolas y abuelas.

viernes, octubre 20, 2006

Para leer y releer: Rider Haggard.

"Las minas del rey Salomón", de Henry Rider Haggard. Nació en Wood Farm, Norfolk, Inglaterra, el 22 de junio de 1856; falleció en Londres, el 14 de mayo de 1925. Autor de más de 70 libros: novelas, relatos, crónicas, históricos, de viajes y autobiográficos.





"Rider Haggard, tal vez el más grande de todos los que nos fascinaron cuando fuimos jóvenes... Imprimió en nuestras mentes imágenes que (tantos) años no han sido capaces de desgastar". (Graham Greene).
"Las minas del rey Salomón es una obra maestra del género, porque equilibra sabiamente el humor y el drama, el misterio de lo desconocido y la experiencia física del peligro, el riesgo de las fieras selváticas y las asechanzas de una naturaleza grandiosa". (Juan A. Mahieu).

Mi primer encuentro con esta obra de Haggard fue hace más de 50 años, en las páginas de la revista Patoruzito, a través de una adaptación de Leonardo André Wadel y los dibujos insuperables del maestro José Luis Salinas. Aún conservo estas páginas.
En los años '80 me reencontré con esta novela, con esta buena edición, cuya tapa ilustra esta nota.

Estos retratos de los tres héroes de La minas del rey Salomón fueron hechos c. 1985, por el mero placer de vivificar a los personajes.


viernes, octubre 13, 2006

Recordando historietas. Pelopincho y Cachirula.


Esta es una historieta memorable, una verdadera favorita de los pibes en los años '40 y 50'.
Los dos chicos protagonistas vivían en un mundo cotidiano, real; las calles eran las de un barrio común, las casas eran las del vecindario; los problemas, los normales, pero las soluciones resultaban siempre ingeniosas y fantásticas.
Se desarrollaban
aventuras surrealistas, con un dibujo simpático y con personalidad. ¿Quién no recuerda el enorme moño rojo en el pelo de Cachirula, y el suéter rayado de Pelopincho?
La historieta la realizaba Fola, cuyo nombre real era Geoffrey Foladori y había nacido en Inglaterra en 1908, de padres uruguayos. Cuando él tenía 11 años, toda la familia volvió a Uruguay y Fola permaneció allí hasta su fallecimiento a los 90 años, en 1998.
"Pelopincho y Cachirula" habitó en la revista Billiken durante casi 20 años.
Esta página que comparto, se publicó en Billiken en junio de 1955.

miércoles, octubre 04, 2006

Chiquirritipis: presentación.


Chiquirritipis era un cartoon que se publicó en el suplemento infantil dominical La Galera, desde 1979 hasta 1984, en La Plata y Avellaneda.
Su tema general: las travesuras infantiles, con intervención, además de los pibes, de sus familiares, sus mascotas, bichos raros, planetícolas y hasta angelitos.
Con aprobación del autor, vamos a ir presentando periódicamente una selección de estos cartoons.

martes, octubre 03, 2006

Para leer y releer: Saki


"Cuentos" de Saki (Héctor Hugh Munro).

"Las fábulas espetadas a boca de jarro eran su especialidad" (HHM).

Ingeniosamente perversos, los cuentos de Saki son fascinantes. Con un tono moderado van desarrollando tragedias, venganzas, bromas crueles; siniestras maquinaciones; como si un telón con un paisaje calmo fuera mostrando, de a poco, un trasluz de sombras amenazantes agitándose con violencia.
Todos se desarrollan en Inglaterra, alrededor del 1900, y sus personajes son gatos extraordinarios, pibes despiadadamente justicieros, dandys cínicos, tías represivas, reuniones banales y costumbres odiosas.
Sus héroes no son idealmente angelicales, ni inocentones, ni víctimas sumisas; son vindicativos, rebeldes, libertarios, hasta crueles; pero nos ponemos de su parte y, cuando no los aplaudimos, les concedemos la razón.
Mi cuento favorito es El castigo. El más conocido es Sredni Vashtar; pero no menos valor tienen Tobermory, Esmé, o El cuarto de la leña y El narrador de cuentos.
No conozco una edición de todos los cuentos en castellano; sé que existe en inglés. Ojalá alguien tome pronto la iniciativa y los traduzca en su totalidad; ya estoy esperando por mi ejemplar.

sábado, septiembre 23, 2006

Los seres imaginarios. 2: La abubilla.


El tipo no tenía sueño esta noche, se quedó levantado haciendo sombras chinescas, mientras la música de Bach serpenteaba, se desenrollaba, ondulaba y se ramificaba en filigranas...
La habitación se había enfriado bastante, así que por la mañana apagó la linterna y se preparó café; luego, cómodo en su sillón, se adormeció. Entonces lo despertó algo imprevisto, algunos pasos, algún resplandor, alguna presencia.
Súbitamente, la sombra chinesca del carbonero entraba por la puerta, con un brazo alzado y sosteniendo un relámpago en su mano.
Receloso, el tipo se levantó con su barba erizada, y avizoró la silueta.
- ¿Qué pasa? ¿Qué es eso?
- Es una upupa. Traigo una upupa- anunció el carbonero, adelantando un poco su mano refulgente en la penumbra.
El tipo pensó instintivamente en una enfermedad medieval, una peste letal, alguna calamidad amenazante y primigenia.
- Es... ¿Es muy malo eso?- balbució.
- No. Para nada. ¡Si es sólo un pájaro! Una upupa- respondió el carbonero.
El tipo se sintió confuso, pero aliviado: el carbonero siempre tenía sus ideas claras.
- ¿Y qué clase de pájaro es ése?
- Honorable anciano, cualquiera sabe que upupa epops es el nombre científico de la abubilla- el carbonero se acercó un paso más.
- Ajá. Claro: una abubilla...- musitó el tipo, mirando al otro y su ave como si viera al mismísimo Capitán Silver y su loro.
- Son aves que no se ven por aquí; provienen del mar Mediterráneo: de las Islas Baleares, del sur de Iberia, del norte de Africa. El cambio de estación las hace emigrar...
- ¿Vienen de tan lejos?- el tipo no quitaba sus ojos asombrados de la abubilla; ahora divisaba las franjas blancas y negras en las alas y la cola.
- Podríamos suponer que sí. En realidad la encontré en un árbol del jardín; parecía perdida, desprotegida, como esperando algo.
El tipo se aproximó a una ventana cerrada. La sonrisa del carbonero lucía como un destello de luna. La abubilla, inquietada, desplegó su copete albinegro, infló su pecho color arcilla rojiza y cantó:
- ¡Up up up!
Asombrado, sonriendo, el tipo abrió la ventana y, luminosa, entró la primavera.

Para leer y releer.

Hay libros que duran sólo el tiempo de lectura, como fuegos artificiales, y luego se olvidan sin dejar más huella que el agrado de entretenernos; y está bien, ésa es su función y es bastante.
Hay libros que da tanto gusto leer que uno lamenta que se terminen, y éstos son los que incitan a buscar más obras del mismo autor.
Otros están tan repletos de ideas y sentimientos que siempre se vuelve a ellos: se los hojea, se lee una página o un par de frases, o un poema, o un capítulo; y producen una sensación reconfortante como una voz amistosa.
Y hay algunos que abren la puerta a otros mundos, que muestran de diferente manera todas las cosas, que son activadores de la imaginación.
A estos libros les dedicaremos este lugar.

viernes, septiembre 22, 2006

Recordando Historietas

Revisando venerables reliquias, encontré unas páginas de una historieta que siempre me divirtió, "¡Qué familia!", se llamaba. Tiene una sátira de costumbres exacerbada, pero presentada con simpatía (¿o empatía?). El dibujo es gracioso, dinámico y bien hecho.
Se publicaba, en nuestro país, en El Libro de la Historieta, que era un suplemento de la revista Pif Paf, alrededor de los años cincuenta.
Nunca supe el nombre de su autor, a quien supongo norteamericano. Todavía hoy me interesaría averiguarlo.
De muestra, aquí va una página (la mejor impresa de las que tengo).

domingo, septiembre 17, 2006

Los seres imaginarios. 1: El frío.


Este invierno, el tipo tenía un frío de novela. Se ponía un abrigo encima de otro -chalecos, pulóveres, bufandas, gabanes, gorras-, pero seguía teniendo frío. Parecía que las estufas no eran suficientemente cálidas.
-Noble anciano, debe usted conseguirse una salamandra- le dijo el carbonero, su amigo del alma y consejero vitalicio, quizá no con estas palabras exactamente. Pero era muy complicado ese asunto de la leña, el tiraje y todo lo demás; suspiró y dejó la idea de lado.
Una noche, encontró un antiguo dibujo: un caballero y un dragón. Le gustó; miró los colores, el trazo de la pluma, la composición, y de pronto... ¡Eureka! ¡El dragón!
-No es una salamandra lo que necesito. ¡Tengo un dragón!- exclamó maravillado.
Así que tomó el dragón del antiguo dibujo y le dio un vasito de oporto para estimular su energía.
El pequeño dragón se alzó en dos patas, abrió la boca, emitió un ruido dulzón ¡y lanzó una llamarada! Cálida, roja, anaranjada, fulgurante, amistosa. El tipo acercó sus manos, se las frotó, se quitó los guantes y sonrió.
Se sentó ante su mesa, tomó un lápiz y comenzó a dibujar. A su lado, el dragón sonreía llameante.